Si la suavidad sigilosa de los corpúsculos que recubren tu complejidad se encuentran galopando en la cuna de otros puntos inciertos La fé que adoraba el calor inquieto de los risos de afrodita que comparte sus mieles y el agua cristalina que nace de las fauces de sus pétalos parlanchines Ay de mi que el espejo de la bruma abraza con desdén mis noches y mis días cuando no puedo abrazar tus secretos Sé que la golondrina viajera incansable se posa en las cornisas del velo trasparente que umbroso destierra mis posibilidades de ver el firmamento Quiero entrar y obtener el trofeo que esconde la danza que se viste de vals en un brioso va y ven en el cuál bebes el nectar de otras flores que no veo Si tan solo el humedal del faro de tu puerto me guiara en el crepúsculo Sin tan solo un trozo del festín de Afrodita y Eros me abriera las puertas honrando lo que quiero al estar despierto.
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Yo rasguño y lamo las cenizas de la llama del Olimpo que ocultó con desdén Hestia con su regazo de mar y silencio Siento como sin medida las espinas del asbesto encuentran el velo que recubre el panal de mis latidos Hoy que me asomo en las ventanas de tu alma encuentro empañado el dulce cristal que se viste de puñal y gotas voraces de veneno Tus huellas dactilares navegando en otros puertos y el hambre de las hojas de aquella planta que sobrevivía de sonrisas aún con las manos en la cara, me deja beber de tu aliento El colibrí del deseo que visita las sombras de tus inquietos deseos, no se resiste al primaveral mundo de hacerme ciego Basta con las olas que van y vienen en mis pensamientos y la voz de afrodita que me sopla dulce el reflejo de mis sueños