Yo rasguño y lamo las cenizas de la llama del Olimpo que ocultó con desdén Hestia con su regazo de mar y silencio 

Siento como sin medida las espinas del asbesto encuentran el velo que recubre el panal de mis latidos

Hoy que me asomo en las ventanas de tu alma encuentro empañado el dulce cristal que se viste de puñal y gotas voraces de veneno 

Tus huellas dactilares navegando en otros puertos y el hambre de las hojas de aquella planta que sobrevivía de sonrisas aún con las manos en la cara, me deja beber de tu aliento

El colibrí del deseo que visita las sombras de tus inquietos deseos, no se resiste al primaveral mundo de hacerme ciego

Basta con las olas que van y vienen en mis pensamientos y la voz de afrodita que me sopla dulce el reflejo de mis sueños 

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