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Mostrando entradas de enero, 2025
 No digas que me amas si el perfume de las flores en tu jardín está expuesto a ser la miel de la primavera  No digas que me amas si en el lago de tus sonrisas se encuentra la barca de los soldados del lamento  No digas que me amas si cuando miras al cielo, la fuerza de tu cerebro reptiliano es más fuerte que los latidos del yacimiento de tus anhelos  No digas que me amas, si cuando me miras soy uno más que cae en el abismo de tu cuerpo No digas que me amas, no lo digas y quizás las estrellas que mueren puedan revelar lo que siento
 Repentinamente pienso en aquellos labios que besaron las sombras de mi silencio y con un leve cosquilleo más allá del alma son un apetecible tormento 
 Extrayendo espinas del corazón donde ya la carne necrótica destila el éter de las lágrimas de hestia  Veo como la hiedra venenosa se trepa lentamente en serpenteantes lamentos de alcohol impuro  Yo que soy efímero en sus memorias aparezco en la estela del firmamento teñido de rojo por la mordida de Apofis   Aquel beso que traspasa barreras de existencia, se vuelve el elixir que alimenta los vástagos de mis anhelos  Insisto en hacerme ciego, pero es que tus labios aún se posan en los míos, cómo si aquel momento sin inicio y sin fin hubiera atado a mis demonios sedientos
Nadando en la penumbra de las gotas saladas que abren los pechos en Esparta  Anidando la golondrina viajera que incesante vuela con las plumas desiertas Yo que consumo las redes que con desdén tejes a diario, hilo a hilo acolchonado las horas en las que no estoy contigo  Pregunto sin prisa y en el atardecer del silencio, eres cómo la hidra que segrega sus pinceladas de éter y helio  Cómo saberte en tu almohada junto a la mía visitando los jardines que ofrecen los panales de las abejas del norte a tu al rededor  Veo la neblina que recubre tus ojos, las manos que aún destilan la tinta de tu lámpara encendida sin saber que el viento me silba en susurro dónde está tu aliento  O el río que trae los granos de sal y arena en el miedo de Perséfone que me abraza sin cesar