Nadando en la penumbra de las gotas saladas que abren los pechos en Esparta
Anidando la golondrina viajera que incesante vuela con las plumas desiertas
Yo que consumo las redes que con desdén tejes a diario, hilo a hilo acolchonado las horas en las que no estoy contigo
Pregunto sin prisa y en el atardecer del silencio, eres cómo la hidra que segrega sus pinceladas de éter y helio
Cómo saberte en tu almohada junto a la mía visitando los jardines que ofrecen los panales de las abejas del norte a tu al rededor
Veo la neblina que recubre tus ojos, las manos que aún destilan la tinta de tu lámpara encendida sin saber que el viento me silba en susurro dónde está tu aliento
O el río que trae los granos de sal y arena en el miedo de Perséfone que me abraza sin cesar
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