Extrayendo espinas del corazón donde ya la carne necrótica destila el éter de las lágrimas de hestia 

Veo como la hiedra venenosa se trepa lentamente en serpenteantes lamentos de alcohol impuro 

Yo que soy efímero en sus memorias aparezco en la estela del firmamento teñido de rojo por la mordida de Apofis  

Aquel beso que traspasa barreras de existencia, se vuelve el elixir que alimenta los vástagos de mis anhelos 

Insisto en hacerme ciego, pero es que tus labios aún se posan en los míos, cómo si aquel momento sin inicio y sin fin hubiera atado a mis demonios sedientos

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