No encuentro el aire dulce que desprende tu piel en las mañanas
No encuentro el dedal, ni el mortero que en una esquina dejo mi manta enredada
El vino inmaculado que se vuelve sangre del reloj intenso
Respiro el aliento del dragón que reposa sobre las nubes del cielo denso
Yo que soy incierto, observo de madrugada cuando el manto de la piel de la tarántula se hace aún más fina y dorada
Veo cada 16 de febrero el latido de mis fugaces fantasías
Y el beso olvidado de Dalila al viento con aquellos dedos que tocaban el piano en la alborada
Pienso en vano,
Pienso en mi alma desterrada
Me aferro a la brisa marina que abraza un sueño inaudito de tu piel junto a mi almohada
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