¿A qué huele el aire en esta noche serena?
Creo que la luna derrama las gotas plateadas de aquella sonrisa que se dibujó carmesí en las olas de tus manos de niebla
Veo el fruto marchito que produce las fauces de mi recubrimiento que ya no calma la sed reflejada en tus pupilas
Camino sobre vidrio y recojo las dulces piedras de la nada que me acompañan cuando suspiro en silencio
En mi cabeza escudriñan los gusanos del pensamiento que preguntan y preguntan si lo que rezan tus labios son las máscaras endebles del calor en la Antártida soñolienta
Quiero saber a qué huele el jardín de tu piel cuando las abejas absorben tu néctar en otras puertas del aliento
Se baja el telón y yo solo oigo el susurro de la bauxita y los hilos torcidos de tus sábanas que reposan en los muelles de una obra de teatro que no deja de comenzar
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