Una gota de cristal salado ha tocado la puerta de ese lugar donde se refleja mi percepción de la realidad
Con sus suaves dedos cortantes se abre paso a recorrer mis corpúsculos invitando a las olas del dolor a formar un río en mis mejillas
Sentado en el obscuro rincón, ese que buscas cuando el amargo sabor estrangula tu pecho y quieres olvidar sus latidos
Sin más espera se lanza como cascada purgando el éter de la represa hídrica de lo que callas y escondes de la vista humana
Todas las pequeñas piezas del espejo de mis sombras esparcidas por el monzón que bañó mis alas no olvidan lo sucedido
Es esta vacuidad que agrieta las baterías de mis ganas de estar despierto
Es el perfume que dice adiós
Y el vals del fruto de aspereza y maldición que hace mi espíritu dúctil
Dándome de beber el zumo de belladona que impregna mis labios para sucumbir en el averno de mi realidad
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