En los pilares que conforman nuestra complejidad,

Hemos colgado un sin fin de flores, pero aquella de pétalos dulces y ojos tan negros como el infinito sonríe en la música de invierno.

Dos líneas que se abrazan sin tocarse,

un presente de un tesoro invaluable, nunca perdido.

Pero bajo el cálido aroma dulce y el canto de tu voz envolvente,

habita este latido que se disfraza de ingenuidad.

Una línea invisible, la suavidad de mis manos que tocan tu memoria,

Qué pinta con acuarelas el cielo y la luna llena.

Te veo, te huelo, te escucho, te extraño 

y mi corazón traiciona a la razón.

Deseando probar de tu amarga miel,

sabiendo que es dulce para otra ocasión.

Mi amor es un susurro que el viento no escucha,

Una flor que florece en las pupilas de una noche callada.

Aunque lejos, tus pasos siempre están cerca,

Flotando en las lágrimas de afrodita.

Jugando el papel que los fragmentos de mis anhelos me asignaron,


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