Buscaré la madriguera de mis anhelos escudriñando con mi nariz inquieta hasta encontrar esa ventana Qué me haga besarte los párpados, para suspirar en el lecho de tus sueños Sin pedir permiso escalar ese momento que guardas sin prisa y en silencio Buscando el aire que recorre tus sentidos y así fluir escuchando mis palabras salir de ti Estampando poco a poco la huella de estos bulbos carmesí que mueren por todo el manto de tu cielo blanco Recorrer tu sombra porque aún sin saber lo que busco Sé que estaría muy cerca de encontrarlo Si logrará esparcir mi aliento, poblaria cada milímetro de tu lienzo carne creando colonias de retazos de mi nombre Trepando cada vez escurridizo por los muros fronterizos que te componen inmaculado y secreto Llegando a ser consumido y vaporizado antes de llegar a tus labios Y así, solo así Tener la oportunidad de ser eterno en tus sonrisas Dejando a un lado la muerte de las horas que recorren mis días Siendo eterno en ...
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Susurro antiguo que conoce mi nombre. Se desliza entre las piedras como si acariciara el tiempo, como si cada gota supiera exactamente dónde tocar para aquietar el alma. Es un murmullo constante, envolvente, que no interrumpe el silencio, sino que lo transforma en algo vivo, en algo que respira conmigo. Hay en ese sonido una promesa: la de soltar. El agua corre sin miedo, sin apego, llevándose consigo el peso invisible de mis pensamientos. Y entonces todo se vuelve claro. Mis sentidos despiertan, pero ya no desde la urgencia, sino desde la calma. Es como si la caída de lágrimas en la montaña me enseñara a existir sin prisa, a fluir sin resistencia. Y en medio de esa serenidad, descubro que su voz habita en el mismo lugar. Tiene la misma suavidad que no exige, la misma profundidad que no se impone. Su voz cae en mí como el agua: limpia, constante, inevitablemente tranquilizadora. Cuando habla, todo ruido se disuelve, toda preocupación...
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Hoy quiero decir más que feliz cumpleaños Quiero que el universo te abrace constantemente con la maravilla de ver tangibles tus anhelos. Dulce y siempre recordada Artemisa Con el calor sublime que solo emana tu alma cuál luna en medio del ruido del mundo. Hoy celebro tu vida como quien celebra el milagro de la noche clara, Porque en todo eso que mis pensamientos suspiran veo en tu rostro la belleza serena que ilumina sin hacer ruido, la luz suave que no ciega, Te veo como los rayos plateados que sangra el astro nocturno porque, aun en la distancia, sé que estás ahí. Constante. Hermoso. Brillando incluso cuando no puedo verte. Tus ojos… tan negros como el abismo, pero no un abismo que asusta, sino uno que abraza. Un universo profundo donde en ciertos momentos he encontrado refugio, Un espacio que solo yo entiendo, mi descanso, Un hogar tan tangible e invisible. En esa oscuridad hay una belleza inmensa, la calma de lo infinito, la promesa de que todo está bien cuando me ...
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Tal vez cuando observo los hilos plateados, esos que calientan el frío abismo que pinta el manto oscuro de esta noche El aire huele a luna mientras las ventanas de aquellas casas viejas ya no alumbran y el árbol de cerezo que encima del lago estaba, hace latir esta canción al cerrar mis ojos Te dejo en estas letras que se escriben con el aliento de mi alma inquieta que piensa en tus ojos y suspira las estrellas del camino Creo que lo entenderás, porque este abrazo que se encuentra atorado en mis brazos tatúa mis ganas de oler el dulzor de tu esencia al caminar Solo pasaba hoy por tus oídos a susurrar que pienso en ti como el viento que danza con las hojas en un día de otoño Y que de esta manera si y solo si esta añoranza te pueda abrazar y el brillo de la luna te cuente lo que en mis pensamientos te quiero decir
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De las flores más hermosas que conforman mi complejidad Tomo tus manos y agradezco desde lo más profundo de mi ser este latido que se oye en la cúspide de lo que sueño y mis labios no pueden gritar Con los rayos de estrellas y esta luna plateada que ilumina la dulce tesitura de tus pupilas sonrientes Destilo una lluvia de anhelos a la fuerza primaria y universo giratorio Que tus manos siempre forjen los escalones del éxito Que tu voz rece los versos que hagan tangibles tus más profundos deseos Que la brisa y las constelaciones inquietas abracen con lluvia de bendiciones aquello que piensas y al volar tocas con tus alas sin cesar
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En los pilares que conforman nuestra complejidad, Hemos colgado un sin fin de flores, pero aquella de pétalos dulces y ojos tan negros como el infinito sonríe en la música de invierno. Dos líneas que se abrazan sin tocarse, un presente de un tesoro invaluable, nunca perdido. Pero bajo el cálido aroma dulce y el canto de tu voz envolvente, habita este latido que se disfraza de ingenuidad. Una línea invisible, la suavidad de mis manos que tocan tu memoria, Qué pinta con acuarelas el cielo y la luna llena. Te veo, te huelo, te escucho, te extraño y mi corazón traiciona a la razón. Deseando probar de tu amarga miel, sabiendo que es dulce para otra ocasión. Mi amor es un susurro que el viento no escucha, Una flor que florece en las pupilas de una noche callada. Aunque lejos, tus pasos siempre están cerca, Flotando en las lágrimas de afrodita. Jugando el papel que los fragmentos de mis anhelos me asignaron,
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Para ti, tierno canto del viento solemne Veo al horizonte y siento que el tibio calor de tus brazos me abrazan con el rayo del sol En una danza calmada cuál bambú en la brisa tus palabras me llenan de alegría y brillo de jade Esa sonrisa vespertina que arrulla mis sentidos como él atardecer en un río Mi alma despierta de ese silencio que esconde la eternidad de mis anhelos cuando tú ternura invade mis pensamientos Tus ojos guardan el amor inmerso en las flores de primavera Tu voz la tonada maravillosa de un eco suave que cuenta las hazañas de grandes leyendas Cada gesto tuyo, cada parte de tu complejidad, una obra de arte invaluable que en mis ojos anida Mi corazón, entona una orquesta de latidos cuando en mi mente te admiro Eres el viento que me trae paz, ese artista que dibuja una sonrisa genuina en mi rostro Cierro mis ojos y deseo que mi amor te encuentre cómo manantial de alegría Mi querido lucero, el viento que susurra un tierno canto a mis oídos...